Besos en el tejado

La música de aquel acordeón los había guiado escaleras arriba, hacia lo alto de aquella casa.
Era un viejo tejado de una casa ya entrada en años que contrastaban con todos esos años que a ellos les faltaban.
Ya en lo alto pudieron comprender que no había acordeón alguno, que la música procedía de sus propios corazones o quizá del lugar más recóndito de sus jóvenes almas.
No podían imaginar que estaban a punto de vivir un momento efímero que duraría toda una vida.
La luna se había erigido en la reina absoluta de todos los astros de la noche aunque las estrellas parecían haber aunado fuerzas para competir con ella. Más tarde comprendieron que el brillo que les deslumbraba procedía de sus propios ojos.
Hacía frío aquella noche de diciembre, ella buscaba cobijo en el cálido cuerpo de él aunque una tibia sensación recorría todo el suyo.
Eran tan jóvenes que aún no habían perdido la capacidad de gozar de las cosas sencillas, habrían de pasar muchos años antes de que recuperaran esa perdida facultad.
Los besos aún tenían un poder narcótico, eran la promesa de todo lo que estaba por llegar. La magia aún existía.
Debieron apurar todos los besos aquella noche, o casi todos. La primavera los encontró desnudos de esperanzas y de besos. Ya no existía la magia. El brillo de una noche de invierno se había apagado para dar paso a una primavera lluviosa. El futuro seguía existiendo, para él, para ella, pero no para ellos.

Autor

Nombre: Rosabel Peñarroja Garcés

3

11

Deja un comentario

50 más votados (Nov’18)

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies