Caminos

Me detuve en la gasolinera y vi que había otro coche aparcado. Era tarde, así que tuve cuidado. Dentro de la tienda había una chica atendiendo a la dueña, una mujer con gorro y abrigo a la cual solo pude ver de espaldas. Ésta se encaminó hacia la salida, y la chica quedó mirándola con una expresión extraña, por alguna razón que no me dijo y por tanto en ese momento no entendí. Unos minutos más tarde volvía al coche cuando me di cuenta de que seguía allí. Sentada, con el coche en marcha, sin ir a ningún parte, mirando fijamente el volante. Hasta que mi sombra la cruzó, alzó la vista y pude verla.
No sé si fue por el horror que me causó o por las cosas que supe más adelante sobre aquella mujer, pero nunca más la olvidé.
Ya no llevaba puesto el gorro, con lo que pude verle el pelo completamente despeinado cayendo en rizos sobre ambos costados, tapándole un poco las mejillas. Tenía unas ojeras que nacían a la altura de la nariz y estaban coronadas por los ojos más tristes que he visto nunca. Me dirigió la mirada cuando apenas nos separaban unos metros, pero no creo que realmente me viera. Estaba ida, perdida.
Esa mujer se llamaba Laura, tenía 34 años y era la madre de uno de los jóvenes que murieron en los atentados de las semanas anteriores. Una hora después de que cruzáramos caminos se lanzó con el coche de los acantilados del norte, la recogieron a la mañana siguiente. Salió en todos los medios de la provincia.
Como te he dicho antes, nunca me olvidé de esa mujer.

Autor

Nombre: Sebastian B.

7

39

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies