Comerse el mundo

En su juventud pensó que se comería el mundo con su aspecto saludable y sus carnes prietas. Pero lo cierto es que fue el mundo quien se la zampó a ella. Arrancada de la tierra que la vio nacer y separada a la fuerza de sus hermanas terminó expuesta en la vitrina de la vida, un objeto de intercambio, a la espera de encontrar a un príncipe azul que la rescatara del harén.
Al fin llegó el día en que un hombre maduro y fornido, marcado de músculos inverosímiles, la compró por precio. Ella, en su inocencia, no advirtió la crueldad con la que fue marcada por el destino.
En cuanto llegaron a casa su dueño la desnudó sin mediar palabra, ella inmóvil de pavor. Después conoció la vida real: sus carnes rotas, su cuerpo desmembrado y su orgullo enterrado. Fue aderezada con lágrimas de cristal punzante y salado, con el vinagre de la decepción amarga y con un aceite de oliva vestido de virginidad que hizo escurrirse toda esperanza de escapatoria.
Su gozo en un pozo, o más bien en una ensaladera cargada de pimienta, un picante bocado que pondría fin a su existencia.
El último impulso de la pobre lechuga fue saltar sobre la mesa; deseó volver a aquella tierra, donde el sol la acariciaba mientras soñaba con un futuro lleno de luz.

Autor

Nombre: David López Cepero

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8 comentarios
  1. Muy sutil!!!

  2. Muy original. Nunca antes había entendido la triste realidad y los sueños de las pobres lechugas. Jaja

    • Y eso que no he relatado el momento de la ingestión… Pero a lo mejor hay otras “lechugas” que no son tales, y que de verdad lo pasan así de mal… Gracias por dejar tu opinión.

  3. Que bien expuesto David. Esta expresado con mucha sabiduría

  4. Encontrarse con la parte más cruel de la vida mientras nos hayamos en nuestra búsqueda por alcanzar su inocencia también es parte de la cruel y triste realidad.
    Que triste ha de ser mirar atrás y ver q el valor no está en nuestro presente actual sino en un pasado de donde se merecía no salir…
    Hay muchas vidas en esa condición….

    • Así es Susanna, no todas las personas tienen la “suerte” de que la vida las trate bien, y en especial algunas pobres mujeres que son tratadas sin sentimientos por mercaderes de placer.
      Siempre queda la esperanza de que esta historia no se vuelva a repetir y de que las personas en situaciones similares sean capaces de prevenir el daño antes de que sea demasiado tarde, para que tengan derecho a un presente digno.
      Muchísimas gracias por pasar y comentar 😉

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