Culpable

Yo, que jamás he incumplido ni una sola norma, me encuentro ahora mismo en frente de un estrado.
Llega mi turno, y me levanto del banquillo de los acusados. Aun teniendo las manos esposadas, me aparto el pelo de la frente, cojo aire y con la voz temblorosa, lo digo:
"Me declaro culpable.
Sí señoría, me declaro culpable de capturar sonrisas en vez de provocarlas, de compartir momentos en vez de disfrutarlos.
Me declaro culpable, infinitamente culpable, de que aquellas noches con amigos se hayan convertido en ausente silencio. Y de que los enamorados ya no se miren a los ojos.
Muy culpable, así me siento, mentiría si dijera otra cosa. Soy culpable de hacer que antes de disfrutar de las cosas buenas haya que inmortalizarlas. Como esos regalos, que antes de abrirlos ya tienen más de cien visualizaciones o esa comida que antes de probarla ya tiene miles de usuarios que conocen su sabor.
Y lo repito, soy culpable.
Pero en mi defensa diré que mi intención no era esa. Mi propósito era acercar a los que estaban a kilómetros y, de ninguna manera, era alejar a los que están cerca.
Pero asumo mi culpa y espero paciente mi penitencia".
Al decir esto, se produce un silencio perturbador y levanto la vista para suplicar un indulto.
Mi sorpresa llega cuando descubro que el magistrado acaba de publicar mi sentencia en la red. Y yo ya solo espero que sea la perpetua.

Autor

Nombre: Andrea Cabrera Muñoz

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1 comentario
  1. Me gusta mucho muy bueno enhorabuena

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