Decapitación en Père-Lachaise

_ De acuerdo Monsieur, ahora quiero que repita aquí al inspector jefe, exactamente lo que me ha contado a mí hace un momento. A ver, ¿por qué dice usted que lo hizo?
_ Ya se lo he dicho, lo hice por él. Imagínese estar a dos pasos con el hambre de amar y no poder saciarse jamás, mientras ella yace allí, impertérrita frente a él con esa mirada vacía, con esos pechos despuntando desde su túnica semi abierta y esos pies sugestivos y descalzos que no paraban de enarbolar el deseo de ese pobre ser, no señor mío, yo tenía que hacer algo, ¿o es que acaso nadie escuchaba los susurros de auxilio que salían de sus labios?, ¿es que acaso soy yo el único que percibe la sutil maldad que emana de esa mujer?
_ Usted se refiere a la estatua ubicada al frente de la imagen que decapitó esta misma mañana en el Cementerio de Père-Lachaise
_ No Monsieur, me refiero a la dama del velo que torturaba a ese pobre ángel del cielo

De acuerdo llévenselo. El inspector Foissard mantuvo la mirada sobre la espalda de aquel pobre diablo por unos segundos, encendió un cigarrillo y volvió a mirar a su superior que también encendía uno.
_ Y bien, ¿qué opina?
El inspector Ahmed exhaló una densa bocanada de humo. ¿Que qué opino?, que ya era hora de que alguien le diera una lección a esa zorra. Ambos se marcharon riendo, mientras en la sala quedaba la cabeza decapitada de un ángel, cuyos labios parecieran susurrar algo que no todos podemos escuchar o entender.

Autor

Nombre: Javier Emilio González Asapche

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