Derrota

Miraba el horizonte, sereno e inmóvil, las manos cruzadas en su regazo, la espalda erguida. Y yo me preguntaba qué estaría pensando mientras le veía mirar el mar, posiblemente sin verlo, sumido en quién sabe qué batalla, qué dolor, qué sentimiento. Imaginaba que una pena cruzaba su alma dejando estelas imborrables de lágrimas que no brotan, inventaba el peso del tiempo sobre sus hombros y las huellas que va dejando a través de las cosas vividas y, peor aún, de aquellas que dejamos pasar sin hacer, sin intentar, el daño de las batallas no luchadas por miedo a una derrota supuesta sin darnos cuenta de que la verdadera derrota no es perder, la derrota es no intentar. Buscaba en sus pupilas la respuesta a su dolor sin percatarme de que, mientras mi mente vagaba intentando penetrar en la suya, era mi pena la que se revelaba porque también yo antes de que él apareciera, miraba el horizonte fijamente, sin ver el sol esconderse tras el mar, sin querer sentir la noche adueñándose del lugar y de mi alma.

Autor

Nombre: Gladys Cordero

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