Desconquista

Cuando los señoritos retomaron el poder los jornaleros se arrepintieron de no haber sabido llevar el juego que les habría permitido defender lo poco que atesoraban.

La masa, hipnotizada por los cantos de la supresión de impuestos, no tardó en descubrir que tales medidas auguraban más miseria.

Las estatuas de oro de las nuevas deidades tuvieron que ser escondidas en cortijos cuando los empresarios a los que representaban aprovecharon la supresión de la enseñanza pública para repatriar las fábricas con las que habían esquilmado al tercer mundo.

Y a pesar de todo, los proscritos siguieron predicando en el desierto. Pacientes, confiados pese a la cadena de derrotas, conscientes de que el mundo al que se oponían no era sostenible y de que si no podían arrancar la revolución, al menos tendría un final poético.

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Nombre: Pablo W

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