Deseos imposibles

Cuando el genio emergió de la lámpara maravillosa, acompañado de una cantidad exagerada de humo, reparé en que no tenía ningún deseo preparado. Consideré la inmortalidad, pero eso implicaba contemplar demasiadas muertes. No iba a pedir amor, porque un amor inducido, artificial, no tendría ningún valor. Las riquezas infinitas me volverían superficial, e incluso apático. Volar me produciría vértigo y la invisibilidad me haría irrelevante. Ser demasiado inteligente podría implicar mi infelicidad. La belleza desmesurada terminaría resultando repelente y atraería envidias. Oír los pensamientos de la gente me daría miedo y, probablemente, dolor de cabeza.

- ¿Cuál es tu deseo? -preguntó el genio.

- Pues creo que estoy bien así…

- Vamos - insistió el genio, contrariado-. No puedo regresar sin más. Algo habrá que te haga ilusión.

Y ahora soy la única persona del mundo capaz de lamerse el codo.

Autor

Nombre: Georgina Val

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