Después del fin

Contaban los ancianos de cuando eran niños que los dirigentes de todas las naciones, políticos y dueños de organizaciones que hasta la fecha se habían mantenido en la sombra, les habían abandonado.

Las primeras consecuencias fueron violentas. No tardó en pasar el desasosiego tras descubrir que había existido un plan para abandonar el planeta después de consumirlo. Los enfrentamientos se dieron en las calles, entre gente que no estaba dispuesta a abandonar el materialismo y se atrincheraba en los centros comerciales. Grandes guerras no hubo. Los que las organizaban y financiaban no estaban, la tecnología puntera se había usado en la huída y el campo de batalla era demasiado árido como para que las tropas subsistieran.

Era difícil saber qué tipo de alimañas quedaban en las ciudades. En qué metrópolis dominaba aún, sobre las otras bestias, lo que quedaba de humanidad urbana.

El futuro tenía que ser verde. La mayoría se había organizado en comunidades rurales que se dedicaban a la agricultura sostenible y a la repoblación de los bosques. Había que filtrar el agua para beberla y la esperanza de vida seguía llevando la huella de la contaminación, pero la organización colectiva funcionaba. No se perpetuaba la especie, sino la vida de Gaia.

Autor

Nombre: Pablo Cano

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