Dulce vejez

La vida es agridulce, lo sabemos. Hay luces, sombras y muchos grises. Pero hoy, que cumplo sesenta y cinco años, quiero verla como algo dulce. Quiero recordar lo vivido desde los mejores momentos, retenerlos y volver a gozarlos otra vez. Quiero pensar que a pesar del dolor, la vida merece ser vivida. Quiero creer que a partir de hoy cada momento va a ser valorado como lo que es, una oportunidad para seguir vivo. No tengo muchas esperanzas, pero mejor. Esperar es desear una alegría futura. ¿ No lleva este vivir hacia el futuro siempre al mismo final que es la muerte ?. Pequeños proyectos, eso sí. Ir a lo esencial, a lo importante. Saber prescindir de estas pequeñas batallas cotidianas que nos amargan. Cogeré cada día una perspectiva de pájaro : me observaré desde lo alto y entenderé lo que los conflictos que nos atrapan son visto desde lo que soy en la Tierra, en el Cosmos.
No estoy de vuelta porque sigo caminando, y tropezando, y aprendiendo. Desearé lo que tengo y no lo que me falta. Y querré con más fuerza a los seres amados. Pierdo vitalidad, mi cuerpo pierde fuerzas. Cómo no puede ser de otra manera. ¿ O es que nos vamos a creer el cuento de la eterna juventud ?. No, me sé finito. Moriré, pero estoy vivo y sé lo que pierdo, aunque también lo que puedo ganar : sabiduría, serenidad. Vivir con otra intensidad, pero con intensidad. En el día de doy, en el que acabo de cumplir sesenta y cinco años doy las gracias por estar vivo.

Autor

Nombre: Luis Roca

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