Ecos y Némesis

“No te vayas por las ramas”, le susurraban cuando leía en clase. “¡Quien a buen árbol se arrima, bajo Sabina no se cobija!”, le gritaban en el patio. El nombre de mi hermana generaba burlas perennes en la escuela. En ocasiones, hasta las maestras colaboraban: “Si necesitáis hojas, pedidle a Sabina”. Y Sabina Robles Olmos, tímida y callada, volvía a casa regando su fértil rostro con lágrimas dulces. Como consuelo, yo le peinaba el cabello frente al espejo. El suave movimiento del peine a través de su melena conseguía calmar sus nervios. Sin embargo, yo andaba cada día más inquieto. Tras el verano comenzaba las clases, y temía que Narciso Robles Olmos, o sea yo, levantara, además de las inocentes bromas, recelo y odio entre mis compañeros, dada mi irrefutable belleza.
Y que las raíces me impidiesen huir cuando furiosos viniesen a deshojarme.

Autor

Nombre: Javier Haya Máñez

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