El abrazo de la sirena

Apenas se distinguía el mar, solo se oían sus olas, cerré los ojos y recé. Estaba sentado frente a él, le susurraba al oído pero no me respondía, pensé que era una buena señal, calmado y dormido. Miré al cielo y abrí mis brazos, imploré mil veces, siempre el mismo deseo: tierra prometida. Tenía en mente todo lo que amaba; no podía evitar la angustia y recordé a mi madre y su frase:"la vida empieza donde acaba el miedo".
No cumplir las expectativas conllevaba pobreza y rechazo, no cabía la cobardía ni las dudas. Mi Dios había tomado una decisión sobre mí, vivir o morir, la cara o la cruz. Vivir significaba futuro, y morir no entraba en mis pensamientos. La luna quiso acompañarnos, su reflejo en el mar anunciaba la hora de partida. Una voz ronca ordenó subir a bordo; un camino de hormigas se internó en el mar con destino tierra desconocida, demasiado frágil.
Perdí pronto la referencia de la costa, mucho silencio en los viajeros y mucho alboroto en la primera ola, cayeron y desaparecieron varios compañeros. Mi cuerpo no aguantó otra embestida y caí zarandeado como una marioneta, intuía mi final, yo tampoco sabía nadar, me iba hacia el fondo, estaba exhausto, la cruz había llegado.
De repente, sentí un abrazo que me hizo reflotar y me empujaba hacia arriba, lo llamé el abrazo de mi sirena. Después, solo recuerdo el estruendo de la sirena del barco que nos rescató.

Autor

Nombre: MIGUEL CASADO MOLINA

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