El argumento

"Oiga, ¿puedo salir a fumar?", pidió Teresa; "No, hasta que no termine", dijo el hombre; "Oiga, es que no puedo concentrarme", dijo Teresa; "Piense usted en otra cosa."
Suponía que lo conseguiría en cinco o diez minutos, pero no. Tendría que sobreponerse, o abandonar, o desobedecer. "Verá", llamó Teresa, "el texto que usted desea que escriba tiene demasiados flecos, demasiadas líneas que seguir para llegar a demasiados desenlaces, podría introducir personajes nuevos que estabilicen el argumento, ¿qué le sugiere eso?"; "Salga a fumar si lo desea", sugirió la mujer; "No más personajes", dijo el hombre; "¿Tiene usted un cigarrillo?", preguntó el anciano; "No más..."
"Oiga, ha quedado estupendo el relato", opinó la mujer; "¿Me da usted fuego?", preguntó el anciano.
Teresa salió de la habitación, atravesó el salón, abrió la puerta corredera acristalada y se asomó al balcón a aspirar la suave brisa que la noche había traído. Después, fumó.

Autor

Nombre: Salvador Cortés Cortés

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1 comentario
  1. Está muy bien

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