El cartero

Los dos eran carteros. No repartían por las calles, clasificaban en la oficina central de Correos. Ella acabó enamorándose de él, en secreto. Pensaba que era un ser sublime, que albergaba un sentimiento superior. Él era capaz de intuir el contenido de las cartas, de rastrear sus palabras y sentimientos. De vez en cuando, escogía una carta, la retenía brevemente (para no ser visto y censurado) entre sus manos, se la llevaba al oído, las acariciaba… Algunas las tiraba o destruía, o las escondía porque las creía llenas de rencor y no merecían llegar a su destino para sembrar la tristeza y el dolor. Otras, las más, las dejaba seguir su camino. Ella lo observaba. Conocía su don, su secreto. Decidió escribirle una carta con nombre falso. Cuando llegó a sus manos, fue elegida y analizada por el cartero. Intuyó lo peor y la escondió sin misericordia, la creía llena de desengaño y desamor, de infelicidad. Ella no lo entendió. “Es un farsante”, pensó.

Autor

Nombre: José Cenizo Jiménez

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