El comienzo

De la más absoluta soledad provocada por el rechazo a su condición sexual, pasó al rico caos apasionado que Juanjo trajo a su vida. Él, irlandés educado en el más estricto catolicismo de los severos curas de principios de los 70, y él, joven español resultado de la época del destape y de la “movida madrileña”, se conocieron, por una de esas “no casualidades” de la vida, en aquel histórico mes de noviembre en el que se alcanzaron los 32 grados en la península. Fueron a coincidir en aquella playa atestada de muchedumbre que tuvo que recurrir a las frescas aguas del Mediterráneo, en vez de vestir la ropa de abrigo propia de la estación. El irlandés se enamoró desde el instante cero del jovial español cargado de risas y planes absurdos pero divertidos para el tiempo de ambos. Pasaron los días pero el calor y la sensación de vivir un segundo verano, parecían no pasar. Tan inseparables se hicieron que Ana empezó a dudar hasta de la heterosexualidad de su marido. Juanjo le insistía en que sólo era un “amigo peculiar”. Se vieron, casi sin darse cuenta, el irlandés soñando con tener “algo más” con su amigo y, el español alimentando gravemente los celos de su cónyuge. La madrugada en la que cayeron hasta 0 las temperaturas, aquella en la que entró, por fin, el escurridizo invierno y heló los aún bronceados cuerpos, Ana, loca, desesperada y ciega de rabia le atestó al irlandés 2 puñaladas en el pecho en el mismo soportal de su casa. Había llegado el frío a sus vidas.

Autor

Nombre: Marian Molina

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