El cuchillo dislocado

Nunca lo había visto. ¿Qué hacía un cuchillo de esa magnitud encima de la mesa? ¿Quién lo había puesto allí? Yo nunca lo había visto, y si eso era raro, más extraño era que no estuviera en su sitio. Su sitio era con las cucharas y los tenedores, sus compañeros leales. Incluso sobre la vasija, en el lavaplatos, pero en la mesa..., además en el centro de la mesa..., no en un rincón...Quien lo hubiera traído, no lo había puesto en su lugar. Tal vez porque hubiera sido un conocido o alguien que se había olvidado de él. ¿Quién podía haber sido? El caso es que no iba a saberlo, por más que lo mirara fijamente y le preguntara: ¿Qué haces tú aquí, cariño? Seguramente podría moverse un poco, en señal de agradecimiento por no haberlo tirado a la basura, pero no me diría cómo se había subido a la mesa y por qué. Era un cuchillo de sierra que daba una cosa verle, con su rostro penetrante, sus dientes afilados...¡ Y qué presencia tenía!...De repente llamaron a la puerta:
-¡Soy el vecino!
Yo me dirigí hacia la puerta. El cuchillo se movió de la mesa y casi se cae al suelo.

Autor

Nombre: Celia Ortiz Lombraña

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