El encargo

El dibujante comenzó por trazar delicadas líneas sobre el papel con un lápiz de color azul bien afilado. Usando la mínima presión posible delimitó los espacios que necesitaba rellenar entre rectángulos. Situó los elementos necesarios para explicar su historia en su lugar y dejó los huecos necesarios para introducir allí los textos. Después afiló de nuevo el lapicero y rehizo los detalles de los elementos principales con precisión. Acto seguido cambió la madera por el metal y dibujó con una plumilla empapada en tinta encima del grafito añil. A continuación dejó secar la tinta antes de escanear su obra. Horas después de comenzar con el encargo, volvía a estar postrado delante de la pantalla del ordenador; era la rutina diaria. Tras una breve pausa para devorar en minutos combustible suficiente para resistir en pie las horas que restaban hasta la noche, los ojos del dibujante se cocían la tarde entera delante de las luces de colores que proyectaba el computador. Remató el día tecleando los textos en su lugar y dejando escapar un tímido suspiro de satisfacción; para llevar meses trabajando a ese ritmo frenético no estaba mal.
El timbre seco del teléfono le sacó de su autocomplacencia. Se alegró al ver en la pantalla que era su editor quien llamaba.¡Buenas noticias! –le gritó-. ¡He terminado el encargo!
-Tengo malas noticias para ti –respondió el editor-, el encargo se ha cancelado; no han aprobado el presupuesto.
Al día siguiente el dibujante comenzó a buscar otro trabajo.

Autor

Nombre: Xavier Tárrega

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