El escarabajo y la rosa

Cruzó la valla. Avanzó rodando, caminando y luego trotando todo lo veloz que su redondo cuerpo se lo permitió. El bufón negro se arrastró y escarbó. Cayó a un hoyo inesperado en la tierra labrada, y luego continuó corriendo con la vista fija en los rosales que crecían pegados al muro de la casa. Se le acababa el tiempo, y las fuerzas le fallaban. Se había pasado toda la vida empujando pesadas bolas de estiércol, escondiéndose de los animales más feroces y esquivando las botas descuidadas de la gente que iba al campo en sus días de fiesta. También había visto a otros que no lo conseguían, muchos que desaparecían antes de hora, aplastados por tractores, enterrados vivos en el suelo, ahogados por la lluvia. Y él seguía empujando el estiércol. No pasaba nada, se decía. Solo eran las costumbres naturales sin elección posible para un pequeño insecto como él. Había sido duro, pero lo había logrado, y ahora llegaba su merecido final. El aliento le faltó cuando llegó al rosal, y perdió un momento más admirando la belleza de los colores. Si hubiera podido hacerlo, habría sonreído ante la mejor y única decisión libre que tomaría nunca. Escogió una rosa roja, la más bella de todas, y se acurrucó entre sus pétalos. Antes de cerrar los ojos y despedirse del mundo para siempre, y aunque fuera un pensamiento absurdo, deseó que nadie le criticara por hacer aquello. Después de todo, no podían culparle por querer elegir, al menos, un lugar hermoso en el que morir.

Autor

Nombre: C.O

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