El fondo

Descansaba en la costa cuando a lo lejos, en el agua, divisé unos brazos que se agitaban. Me incorporé despacio, y con la mano como visera intenté hacer foco en el punto negro que copiaba el vaivén de las olas. El viento arrastraba los gritos del hombre, y los deformaba en el aire hasta que llegaban, pastosos y entrecortados, a mis oídos. Entré al agua helada, y tras haber contado hasta diez no tuve coraje suficiente como para zambullirme. Cerré los ojos, y en un ataque de valentía decidí lanzarme. Desesperado, comencé a nadar. Después de unos instantes me detuve y alcé la cabeza, pero ya no había rastros del hombre. Grité, me puse a agitar los brazos. Sin esperanza empecé a nadar hacia la costa, por alguna extraña razón cada vez más lejana. De pronto sentí una descarga eléctrica en las piernas, que dejaron de funcionar. Auxilio, me puse a gritar, ¡Auxilio! repetí. En la costa un hombre se incorporaba despacio, llevaba su mano al rostro en forma de visera, entraba al agua y, después de unos largos segundos, terminaba por zambullirse.

Autor

Nombre: Valentin Cacault

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