El infierno en la tierra

Tenía unos minutos para bajar a comprar las cerillas que utilizaríamos el domingo en la barbacoa familiar. Odiaba esas reuniones anuales, todos sentados en aquellos bancos de piedra centenaria masticando desdichas y vomitando sus envidias.
Bajé por las escaleras saltando los tres últimos peldaños de cada tramo. Como si fuera un chaval, con aquel espíritu adolescente que nunca me ha abandonado.
En la calle, por un momento, el sol me cegó. Las obras en la Plaza Mayor seguían dando por culo a peatones y vehículos.
Entré en el supermercado. Cogí el pasillo de las patatas chips y las Coca colas para luego girar por el estrecho corredor del papel de wáter y allí estaban las cerillas, ocultas tras los palillos y las toallitas desmaquillantes. Sabía perfectamente donde encontrarlas, no era la primera vez que las compraba.
—Buenas —Dejé caer la cajetilla sobre la cinta transportadora.
—¿Tenemos cerillas? ¿Aún se usan?—Se sorprendió la joven y rechoncha cajera.
—Para encender las velas en una misa negra, estas son las idóneas —dije.
Estalló en una enorme carcajada insoportable.
Una vez fuera pensé, «las barbacoas familiares bien podrían ser el equivalente actual de los aquelarres». ¿A ver quién será el sacrificado este fin de semana?

Autor

Nombre: Ignacio Ferré Cercós

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