El mundo de David

Cada vez que frunzo el ceño, que me enfado o me altero minimamente, David se acerca a mí. Lo miro. Él me observa a través de sus gafitas llenas de restos de gotas de agua, chocolate o manchas irreconocibles. Tiene una sonrisa traviesa que finaliza en unos perfectos hoyuelos simétricos.
David, cada vez que me ve enfadada, sin decirme una palabra, me coge la mano o me abraza con ternura.
Hoy, como cada día, he ido a recogerlo a clase para ir a nuestro entrenamiento de fútbol. Su profesora me ha dicho que quieren llevarle a un “especialista” porque “vive en su mundo” y no se entera de nada.
Ojalá existieran “especialistas” para personas que no viven en “El mundo de David”. Claramente son ellas las que no se enteran de nada.

Autor

Nombre: Irene Ballesteros

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