El olor de un recuerdo

Fue un gesto rápido e instintivo. Cuando se levantó de la mesa para ir al servicio, agarró el jersey verde que colgaba del respaldo de la silla y hundió la cara en él.

Cerró los ojos y aspiró profundamente para fundirse con ese aroma tan deseado. Estrujándolo fuerte con las manos. Por un momento, todo se quedó en suspenso: el ruido de ambiente, el tintineo de los cubiertos, las voces, la música de fondo... Y una embriaguez tibia le inundó el cuerpo. Como estar de nuevo con él. El sexo, las caricias y todas las risas vividas resumidas en un olor. Fue el último intento de retenerle antes de que saliera definitivamente de su vida.

Han pasado más de diez años desde entonces. Y nada de aquello importa. Se fue. Pero hay veces que, todavía hoy, ese olor despierta de donde quiera que se esconda dormido y agazapado y un tsunami de sensaciones calienta su cuerpo como antaño. Con sexo, caricias y risas. Entonces cierra los ojos y aspira de nuevo ese olor.

Autor

Nombre: Amaia

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