El piano

Cecilia adoraba su piano. Era el único objeto que llevó consigo cuando se mudó tras casarse con Ramón. Era un Steinway negro de media cola, regalo de su padre por su 18 cumpleaños. Ahora, recién cumplidos los 30, seguía siendo su pertenencia más valiosa, en todos los sentidos. Sus manos, de dedos infinitos, pulsaban esas teclas brillantes que sentía como una prolongación de sí misma.
Como todas las noches, se sentó un rato, esperando la llegada de su marido. Apareció más tarde que de costumbre, oliendo a tabaco y alcohol, venía del bar. Sin decir una palabra, la empujó para apartarla de la banqueta y sentarse él. Ramón no sabía tocar el piano, nunca le gustó. Sus manos, como mazos, empezaron a aporrear las teclas que, a cada golpe, parecían gritar de dolor. Cecilia le pidió que dejara de hacerlo, pero él vociferaba y canturreaba cosas sin sentido mientras dejaba caer una y otra vez sus puños sobre el Steinway con tal violencia que le saltaron un par de teclas. Gruesos lagrimones rodaron por la cara de Cecilia, que contemplaba la escena aterrada. El llanto de su piano retumbaba por toda la casa.
A la mañana siguiente, mientras él dormía la borrachera, Cecilia llamó a una empresa de mudanzas. En media hora estaban allí un par de mozos de aspecto atlético. Les dio las indicaciones oportunas. Mientras bajaban el piano a la calle, ella cogió el bolso, el móvil y las tarjetas de crédito.
Salió de la casa con un solo pensamiento: jamás nadie volvería a ponerle una mano encima.

Autor

Nombre: Fina María Bonmatí

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