El primero

Esas curvas tan insinuantes y certeras. Su aroma me enredaba y me convertía en Ulises atrapado en el canto de las sirenas, subyugándome como su lacayo. ¿Realmente era yo el elegido? Pensé en mi mascota y seguí sonriendo. Eso solo pasa en las películas. Ella estaba en el extremo y busqué su inclinación. Escudriñé en su interior, intentando hallar su verdad. Y lentamente me acerqué.

Imaginaba la sensación. Mi cerebro sólo recibía el deseo de sensaciones al borde de la precipitación que supone experimentar los primeros placeres. La respiración se entrecortaba y empezó a surgir el inimaginable apetito de la libido. Y como dos autómatas nuestros cuerpos se acercaron. Sin ruido. Sin apenas movimiento. Como dos piezas que se juntan para formar un cuadro que se pinta con el calor de las esencias.

Mis dedos buscaron el sabor de su cuerpo, al tiempo que mis labios todavía incultos de pasión rozaban la candidez del cristal. Era el primer sorbo de mi copa de vino y supe que habría muchos más.

Autor

Nombre: Enrique Beleret

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