El retrato de Manuel

Blanca despertó con el agudo pitido de la alarma del móvil, colocado con precisión milimétrica en la mesilla de noche, entre la caja de somníferos y la foto de Manuel.
Abrió los ojos con pereza, le costaba despegar los párpados. Comenzó a estirarse, todos sus huesos empezaron a crujir, uno a uno, a cada movimiento. La luz se filtraba a través de esa persiana que dejaba a medio bajar porque despertar en completa oscuridad la aterraba.
Finalmente, salió de la cama, se calzó las zapatillas colocadas simétricamente sobre la alfombra y entró en el baño. El espejo, despiadado, le devolvió su imagen mañanera: ojeras marcadas, surcos alrededor de la boca.
Tras asearse desayunó un yogurt, como venía haciendo desde hacía diez años, desde que él ya no estaba.
Volvió al dormitorio para vestirse. No sabía cuál de sus doce camisas, colocadas con pulcritud una junto a la otra en su armario ropero, se pondría hoy. En el momento en que descolgaba la elegida, sonó el teléfono. Pulsó la tecla verde con nerviosismo y al otro lado oyó una voz masculina deseándole los buenos días. Un gesto de frustración se dibujó en su rostro: hoy tampoco era Manuel.

Autor

Nombre: Fina María Bonmatí

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