El surco

Como cada mañana, Victoria dedica una hora al manejo de sus rizos salvajes, sus ojos pálidos e hinchados y sus labios resecos. Tiene cuarenta años. Le horroriza envejecer y comprobar que su hermosa piel se vea oscura e invadida por flamantes surcos. Por ello, al mirarse en el espejo, lo hace con cautela. Hoy su nueva imagen se demora más de lo habitual. Tres horas, y aún sigue preparando su figura. «Estás guapísima, como siempre», le dice su marido antes de abandonar la estancia. Ella sabe que eso no es cierto. El móvil suena, pero ella decide no cogerlo. No va a acudir al trabajo, pues ansía la perfección. Como muñeca de porcelana, besa su reflejo en el cristal.
Un surco invade la comisura del labio y alcanza la mejilla; una sonrisa sutil por sentirse exultante supone arruinar el maquillaje. Entallada en sus vertiginosos tacones de aguja, contempla con rabia ese maldito surco. Como huracán de temporada, lanza sus doscientos vestidos al aire. Escupe al espejo mientras se retoca, en un segundo intento por ocultar la maldad de la piel. Enciende el televisor y busca algo desesperadamente. Un desfile de moda aparece antes sus ojos de vidrio. Con poca maña, imita a las modelos de tallas soñadas. Se mira. Sus curvas la hacen vomitar. Se limpia con uno de los trajes, el de la primera cita. Recuerda lo bien que le quedaba entonces. Se incorpora, se quita los tacones con firmeza y los acomoda en su garganta. Mientras se desangra, no sospecha que el espejo la sigue viendo bella.

Autor

Nombre: Javier Santana Martínez

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1 comentario
  1. Narrado con pulcritud nos muestras ese aspecto de la vida que todos nos negamos a aceptar. Muy bien. Suerte y un saludo.

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