El último cuadro de V.

Cuando V. dio la última pincelada y contempló su obra desde la otra punta del estudio, algo incorpóreo salió del cuadro y volvió a confinarse dentro tras atravesar su cuerpo y dejarle inerte en el suelo.
Poco después, el doctor del pueblo y su ayudante acudieron a certificar su muerte. El galeno, amante del arte, aprovechó para curiosear mientras su ayudante recogía muestras, y, tras un vistazo a lo expuesto en el caballete, también cayó fulminado.
La policía clausuró la casa por temor a que fuera un brote de alguna nueva clase de peste, aunque periódicamente alguien del pueblo desaparecía y era encontrado muerto dentro, tras haber intentado saquearla, y siempre con la misma mueca de horror que V. y el médico habían lucido en su estertor final.
Como última medida de salubridad, el alcalde decidió incinerar el interior de la casa. Pero para entonces ya casi no quedaba nada dentro, y el último cuadro de V. ya estaba viajando rumbo a América en la bodega de un barco.

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Nombre: Agustín Frago

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