El viejo y las nubes

Cuando el viejo comenzó a cabecear, la caña cobró vida. El bote comenzó a desplazarse, abriéndose camino entre nubes que amenazaban tormenta. Un tirón fuerte hundió la embarcación en una niebla densa que calaba los huesos. El viejo agarró la caña con manos llenas de historia en papel arrugado. El bote siguió su descenso hasta salir de las nubes. Allí, un grupo de cormoranes planeaban buscando alimento. Y por fin, pudo ver a su presa: un albatros errante. El viejo sonrió. «Mañana no pasaré hambre». Porque en el mundo al revés, las nubes son el mar; las aves, la pesca.

Autor

Nombre: Juanje López

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