Ella

A las 16 horas, era su cita fija, ella cogía una silla para llevarla al patio, yo la observaba de lejos; ella fumaba fuera de la casa, con su ceño fruncido, no podíamos molestarla.

De pequeña, salía corriendo cuando la escuchaba llamarme; pensé que algo malo había hecho. Cuando me alcanzaba, alguna tarea o encargo me obligaba hacer: “En casa, todos colaboran”, con un tono fuerte de voz.

Fueron pasando los años, fui perdiendo el miedo; sus arrugas fueron suavizando su rígido rostro. Así que con valor, le pregunté: “¿Abuela, tú no nos quieres? Siempre, te recuerdo molesta y poco cariñosa”.

Ella suelta una carcajada, sin dejar caer su cigarro: “Ustedes son mi vida. Fui dura lo sé, la vida me enseñó así; por eso, los preparé para que puedan enfrentarla”.

Le quité un cigarro, bajo la supervisión de su mirada: "¡Sólo uno!", me gritó.

Entre cada bocanada de humo, descubrí una mujer frágil de un pueblo que se enfrentó sola a una ciudad que la superaba. “Nunca, dejé que el miedo me venciera; salí de mi casa, como una mujer maltratada y señalada”.

“No vine en busca de un héroe, llegué aquí para una nueva vida, ni creía en volverme a casar”, me contó. Llegó a la ciudad, sin saber leer, ni escribir; a comenzar en trabajos como doméstica o cuidando a algún niño; mientras los suyos crecían solos.

Años después, sanó sus heridas con mi abuelo, pero sin firmar papeles: “Porque no quería ser de nadie”.

Entendí su dureza como manera de dar amor; por primera vez, escuchaba su historia.

Autor

Nombre: Liseth De Vega

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