Empatía

Cómo pretender identificarnos con alguien, si hemos perdido nuestra propia identidad. Cómo compartir sentimientos, cuando éstos se han diluido entre las prisas y la tecnología que, claramente, nos ha superado, dejándonos fuera de juego: en manos de unas redes —sociales— de arrastre que esquilman el fondo más preciado del alma. Las falsas noticias y bulos, la deshumanización, la perversidad de una imagen obscena, la arrogante y pretenciosa comunicación que hemos conseguido escribiendo a través de un maldito «móvil», prescindiendo incluso de la palabra hablada en la que podíamos percibir el hálito de la respiración del otro. Si no tenemos principios ni ideologías, ni tiempo para pensar o sentir, cómo seremos capaces de empatizar. Debe resultar bastante sencillo ponerse en el lugar de un banquero, un empresario de éxito, un machista decrépito o un neoliberal iluminado …; pero no en el de aquellos que hemos dejado prisioneros de la soberbia: no de un fracasado, un inmigrante, un negro, o un pobre indigente. Puede ser creíble la utópica empatía con los «ángeles», pero jamás con esos pobres diablos marginados por la sociedad.
En este mundo de fariseos no existe la empatía, es una auténtica paradoja, una palabra de moda nada más. Ya no miramos a los ojos de la gente, sólo vemos la dichosa pantalla táctil; y es bastante más probable que un «iPhone 7» empatice —vía bluetooth— con un «Samsung Galaxy S10», que la ingenua idea de que una persona pueda ponerse en el íntimo lugar de otra.

Autor

Nombre: Ángel Rebollo Santa Paula

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