En la mitad del mundo, casi

En el refugio del volcán Cotopaxi falta una bandera. Lo noté al regreso de mi precaria ascensión al glaciar que está a 5.050 metros de altitud, en la segunda cumbre más alta de Ecuador y a cien kilómetros de la mitad del mundo.
Los andinistas más entrenados —músculos, pulmones y pensamientos fuertes— acceden a la meta inicial, el refugio, en media hora. Los demorados —faltos de costumbre o de tenacidad débil— cumplen el propósito en una hora, en promedio. Me tomó 40 minutos y me consideré una desdichada a medio camino entre unos y otros.
Ahora la anécdota me parece divertida, pero allí no me hizo gracia. El cuerpo me respondía a un ritmo lento, modo salvapantallas. Iba bien abrigada, pero a la ventisca le dió igual: se las ingenió para golpearme. Las mejillas ardían de frío.
Mi pensamiento era igual que la ascensión: un zigzag por un terreno resbaladizo y pedregoso. Me sentía miserable mientras veía que todos avanzaban tan rápido. Cuando los alcancé me enojé más porque todavía faltaban otros 15 largos minutos para alcanzar el glaciar.
Concentración. Respiro profundo y entrecortado.
Avancé, avancé y avancé con la mirada puesta en la punta de mis pies. Llegué. Las nubes hicieron un hueco que me permitió ver la cumbre. Aquello fue una pastilla de gloria y satisfacción.
La bajada fue otra cosa. Se había terminado. Fue entonces cuando noté que en el refugio faltaba la bandera pero como novata nunca pensé llevar la mía a un volcán. La prioridad era lograrlo, no dejar huella.

Autor

Nombre: Havana Olivetti

0

6

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies