En las alturas

No es sencillo vagar entre las níveas cumbres, zarandeado por gélidas ventiscas, aferrado a tus hermanos, exhalando el último aliento en cada paso, resistiendo hasta el límite.
La vida es una terrorífica prueba en las alturas. Un sutil equilibrio, efímero como un susurro, que amenaza con precipitarte al abismo más profundo de alba solemnidad.
Huir. Quimérica utopía.
Solo una tenue apertura en las leves veredas nos proporciona un impulso de esperanza. Un vigor inusitado, surgido del espíritu de grupo, de una voluntad indescifrable, que nos impele hacia el valle.
Casi podemos sentir, presentir incluso, la taumatúrgica liberación. Iniciamos un descenso imperioso, casi obsceno, animados por telúricas fuerzas.
El valle se acerca, como una promesa irrealizable que cobra autenticidad, como un goce pospuesto en demasía, como un capricho que se torna necesidad. Se acerca más y más, hasta convertirse en contacto, el contacto de una cálida mano de granjero, donde el primer copo de nieve que anuncia el invierno fue a morir.

Autor

Nombre: Juan Pedro Agüera

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