En un lugar de la Mancha

Anochece sobre los campos de Montiel. El viento azota con furia las aspas de los molinos que, fantasmales, se divisan al final del camino. Ya nadie los visita. Pesa sobre ellos una leyenda maldita de embrujos, de encantamientos y hechicerías que, de tanto en tanto, revive en el relato despavorido de algún caminante curioso ahuyentado del lugar por los gritos del viejo loco que guarda sus puertas. Sólo él conoce el secreto que tras ellas se oculta y, cansado ya de vagar por el mundo, triste y derrotado en mil batallas, a protegerlo ha decidido destinar sus últimas fuerzas.
El tacto frágil de una manita entre las suyas saca al viejo de sus ensoñaciones. Sonríe con dulzura y tras recostar sus huesos maltrechos sobre la encina fiel que cada noche acompaña su guardia, acurruca a la niña entre sus brazos. La más pequeña del grupo de expatriados que el azar puso un día en su camino, supervivientes doloridos de un naufragio de mil sueños imposibles, resguardados ahora del desamparo y el frío del invierno en este lugar perdido de la Mancha. Refugiada en su abrazo la niña duerme tranquila. Tal vez sueña. Desde el primer instante fue su favorita. Su nombre es Dulcinea.

Autor

Nombre: Marta Navarro Calleja

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