Entre sueños encontrados

En la fría mañana de Kiev, Natali acaba de parir unos mellizos rubios, ha sido un parto fácil, igual que sus dos anteriores hijos. Natali tiene unos ojos azul intenso, su mirada resbala tristemente sobre los azulejos del quirófano. No ha querido ver sus rostros porque no los considera hijos suyos; ella tan sólo se siente una incubadora de 17.000€. Los mellizos lloran, y Natali se obliga a pensar que podrá comprar una humilde casa en su pueblo, pero aquellos llantos le provocan una especie de desazón, como si su cuerpo reclamase a su sangre.
Carma espera en el pasillo, acaba de llegar de Lérida y también ha oído los llantos. No puede evitar las lágrimas que contienen largos y estériles años de pruebas médicas y eternos procesos de adopción. Para ella, Natali es un ángel que ha cuidado de sus hijos nueve meses y mientras Carma se abraza a su marido, se siente madre sin necesidad de parir. Carma, sabe que parte de su carne se encuentra en unas cunas esperándola y todo su ser se yergue al imaginar el tierno olor de sus pequeños, el primer roce de sus mejillas.
Fuera de la clínica se oyen gritos y protestas; voces dramáticamente arrepentidas por haber entregado a sus bebes, madres que fueron presionadas a serlo o que fueron desasistidas cuando el embarazo se complicó y cuyos rostros sedientos de justicia claman la debida dignidad para las mujeres; mientras tanto, entre el eco de aquellas voces y la fuerza de los deseos, la vida se hace camino entre sueños encontrados.

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Nombre: Alvice

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