ERA SU VENTANA

Cerró su ventana. La felicidad le era esquiva, tanto o más que aquel pariente que evitaba devolverle el saludo cuando se encontraban en alguna calle. Miró a su alrededor. Se tenía a sí mismo y a aquella casita, donde el silencio encajaba como un guante. En aquel salón, inspirado en un diseño minimalista, devoraba las horas del mes de abril, ya leyendo, ya dibujando. En aquel salón, su vida lucía monótona y apagada, aunque en vano intentara redecorarla, usando para ello algunas de las revistas decorativas que ella dejó olvidadas. Y se empeñaba en cambiar y cambiar muebles, cortinas o lámparas; en comprar plantas de interior, y en pintar paredes. Pero era su ventana, aquella ventana cerrada la que debía cambiar. Tenía que abrirla de par en par; dejar entrar la luz y el aire, y sentir, así de simple. Sentir era todo lo que debía hacer, sentirse vivo, pero tardó mucho tiempo en descubrirlo y no fue en una revista de artes decorativas.

Autor

Nombre: Soledad Caramé Bruzón

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