Folium vitae

El momento ha llegado. De un soplido inadvertido, me desprendo y caigo. Suavemente, voy fluyendo con la brisa que me hace transitar pausado. Planeo alado, a medio espacio, entre el azul del cielo y el suelo arcillado. El viaje estaba previsto. El fin, sin duda, anunciado. Aunque más pronto de lo anhelado, aterrizo atemorizado. Sin embargo, para mi pasmo, no es aquí que zanjo.
En su lugar, la tierra me abraza y me transforma entre sus brazos. Desconozco el lapso, pero el tiempo que pasa, pasa mientras me deshago en millones de pedazos y me recreo en disímiles fórmulas que, sin pensarlo, me absorben de nuevo a las raíces de mi árbol.
Reconozco el milagro, y las alargadas traqueidas del xilema por las que ya una vez ascendí emocionado, influido en esta savia que llaman bruta, pero que me trata con halago. Acompaño a otras formas, pues juntas aspiramos a lo más alto. Si bien al alcanzar la copa, nuestras sendas se distanciaron.
Desde allí vi crecer miles de flores, con distinguidos aromatizados; engordar cientos de frutos, antes de madurarlos; observé cómo surgían decenas de ramas, por arriba y por abajo; sin perder de vista cómo prosperaban algunas semillas, a nuestro lado.
Y es que yo me asenté justo donde anidan y entonan los pájaros, por donde el sol amanece y me procura energía para fotosintetizar calmado.
Por donde además, en cada ocaso, la noctámbula luna me recuerda que cualquier final, sólo es otro principio brotando.

Autor

Nombre: Zulema Sánchez Bazán

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1 comentario
  1. Muy bueno. Bravo. Me ha gustado mucho aquello de “me recreo en disímiles formulas”.
    Aunque tienes pocos votos, yo creo que deberías ganar este certamen”. Un abrazo. Sylvain

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