Frío helado en el corazón

Es todo tan frío. Desde que te has ido solo hay invierno. Veo los regalos por abrir de San Valentín ahora sin dueño... Preguntándome cómo hemos podido llegar a esto.. Tú y yo, que éramos como dos imanes ardientes... y ahora me veo comiendo sola frente al televisor, y el silencio es más cortante que el filo del frío cuchillo que sostengo en mi mano. En un momento, me abstraigo de todo mirándolo fijamente, lo sostengo y avanzo con él hacia mi pecho. Lo sitúo entre mis costillas dispuesta a acabar con todo el sufrimiento. Comienzo a apretar un poco, deshilachando mi camisa mientras las lágrimas brotan abundantemente por mis ojos. De repente, algo me frena. Súbitamente suelto el cuchillo y lo dejo caer al suelo, y con un ruido atronador me despierta de mi enajenación, mientras escucho claramente lo que antes oía como un murmullo. — ¡Mamá!
Es mi hija llamándome desde la cama, donde estaba durmiendo su siesta.
— ¡Ya voy, cariño! — Digo intentando que mi voz quebrada se haga un hilo suave y melódico para que no note nada.
Por un instante, había dejado de sentir la calidez, el amor de mi hija, por centrarme en el frío que me dejaste en el corazón.
Avanzo hasta la cama, y ahí está ella con su infranqueable sonrisa mientras yo no puedo evitar pensar cuán egoísta habría sido de no ser por ella. La que salva mi vida solo con una palabrita, con una sonrisa, con su amor tan grande. Y me fundo en un fuerte abrazo, prometiendo ser más fuerte, y olvidarte. Por ella, por mí. Por supervivencia.

Autor

Nombre: Natalia Sandeste

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1 comentario
  1. Muy bonito Natalia. Y acabas justamente con la palabra que da título a mi trabajo. Suerte.

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