Frío

Me recorre el cuerpo entero, sin remisión. Es como si cada uno de mis miembros se fuera desgajando del tronco por congelación para caer en el suelo y acabar haciéndose añicos cristalinos y fríos, como esquirlas de hielo que se clavan allá donde vayan a parar, quedándose ahí, erguidas, enhiestas, para que te pinches con ellas y te hagas sangre.

No quiero sentir ese frío, ni quiero tenerlo como compañero lo que me reste de vida y que se pasee por mis dedos y por mis extremidades como si para él fuera un juego sin importancia en un cuerpo elegido al azar. No lo quiero, pero me persigue a donde quiera que vaya, como una sombra que me acecha y se esconde si volteo la cabeza para sorprenderla. No la asusto, me conoce bien.

No lo quiero como compañero de viaje porque no me deja disfrutar de la vida. Ese frío que tengo dentro me acongoja y me daña, me hace sufrir y me paraliza. Si tengo mil planes, los tira a la basura a su antojo porque le da la gana ser cruel conmigo. Me enfría el corazón por partes, aunque siempre me deja algún resquicio de ese órgano vital para que me muestre tal y como soy y mi candor salga a la luz...

Te voy a ganar en esta batalla constante porque ese pequeño resquicio de candor y de calor que aún me queda, van a contagiar al resto de mis vísceras y te van a echar de mi ser. Para que te aburras y enfríes otro cuerpo con tu hielo y tus cristales que se me clavan como puñales por dentro. Estoy dispuesta a derretirte aunque sea lo último que haga.

Autor

Nombre: Nélida L. del Estal Sastre

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2 comentarios
  1. Genial

  2. Me encanta, como todos, eres genial

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