Hombrías sombrías

Los gemidos de Rubens y Antoine, mientras probaban posturas, desataron a la señora del anuncio, desbocada entre espasmos. Ellos sudaban, del esfuerzo y la vergüenza. Ella era incapaz de controlar sus sardónicas carcajadas ante aquella supuesta falta de hombría. Dijeron que estaban fuertes, les echó en cara. Bueno, señora, le entrecomillamos que no éramos culturistas, se justificaron. La persistente burla de la mujer acabó por hacerlos estallar: ¡Si no fuera por este maldito escalón tan alto ya nos habríamos llevado esta chimenea de hierro forjado que pesa un quintal y parte de otro!

Autor

Nombre: Antonio Salido Contreras

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