Hoy tampoco

Febril. Exhausto. Deshecho. Y, como si un desgarro en la conciencia le hubiera impedido el mínimo ejercicio mental, se lleva las manos a las sienes, torturadas hasta el límite por un dolor mezquino. Su ardorosa frente contrasta con la sombría y helada noche que un viento afilado retuerce por fuera de la ventana. Las mejillas, los ojos y la lengua lo abrasan, y sus respectivos fuegos se ven enardecidos aún más, si cabe, por la infatigable y punzante luz de la pantalla.

Su cansancio lo desmorona mientras lo seduce. Un veneno que, a la vez que persuade, corroe. Sus ojos de relámpagos sanguinolentos, ojos magullados por la cruel iluminación eléctrica del ordenador, que escasamente mantienen su apertura sin sufrir, atestiguan un calor magmático por todo su cuerpo. Tórrida, discurriendo por sus venas, una sangre exasperada y lenta, con paciencia, lame unas paredes de tejidos secos y en ruinas.

Insoportable. A la aturdida visión y a la cabeza aplastada por una presión angustiosa se suman sensaciones extrañas en el torso. Lo aguijonean, como el preludio de un fallo cardiaco; lo martirizan, lo puntillean con finísimas incisiones de dolor, de rabia, y de fatalidad. Prosigue sus esfuerzos, ya baldíos y estériles, de olvidar su miserable condición presente. Trata de evitar el recuerdo de lo que es, la memoria de su carne hinchada, enrojecida y de una temperatura patológica.

Entonces golpea el teclado y gime con desesperada rebeldía. El documento en blanco. Hoy tampoco ha escrito nada.

Autor

Nombre: Nicolás Izquierdo

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1 comentario
  1. Brillante. Un voto más!

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