«Imitación a la vida»

Algunas tardes mi padre nos llevaba a mi madre y a mí a ver zarpar los barcos. Las luces de los muelles se encendían mientras a nuestra espalda se ponía el sol. Contemplábamos el trajín de las pasarelas. Y en la terraza de una taberna cercana mi padre nos contó de El hombre de Boston que cazaba focas en Alaska, de su rivalidad con El Portugués y de su amor por una princesa rusa. Con ella en su goleta, decía, tenía "El mundo en sus manos".
Un día llegó el médico a casa. Reposo absoluto y cuidados extremos. Su corazón nos tuvo en vilo. Poco a poco reanudó su vida con paseos cortos a media mañana. Él afirmaba que había sobrevivido a un duelo con Wilson, el temido pistolero que merodeaba por la ciudad. Sus heridas cicatrizaron esta vez. Pero habría otras. No podemos escapar de nuestro destino, nos aseguró. Muchos años después lo vimos partir hacia el horizonte sin volver la vista atrás, como "Shane".
Ahora es invierno. No se oye la lluvia, ni ulular el viento tras las ventanas. Es un invierno remoto. Un invierno de plomo, de limpias sonrisas en silencio y miradas de agua. Cuánto me hubiese gustado recordar con mi madre aquellos instantes de plenitud, antes de que se internara por un inhóspito pasillo sin puertas laterales ni luz al fondo, por un Corredor sin retorno.

Autor

Nombre: José Luis Rico Vidal

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