Intantes fugaces

Días después del primer abrazo, del primer baile, de la primera confesión... la primera despedida. Comedor ajeno, lleno de gente, palabras de despedida, besos de rigor... Te voy mirando de reojo, sin mirar, sin querer hablar, controlando la tristeza incipiente y las lágrimas que quieren asomar. Enfadada también por el Adiós, en mayúsculas. Me mantengo inmóvil, esperando quizá que seas tú quien se acerque. Finalmente lo haces. Palabras de adiós cordiales,un "ya nos veremos, hasta la próxima" que me suenan a nada, a vacío. El desasosiego me bloquea, no puedo mirarte. "Adiós, hasta pronto" me oigo decir. Fría, distante, cordial. Dos besos más por obligación que por necesidad. Dos besos vacíos de todo lo acontecido días atrás.
Y a medida que te alejas, un sentimiento ya viejo conocido, que me invade, que me sacude por completo, que intento acallar sin resultado. Y ya en la puerta, a punto de salir, te giras de nuevo. Nuestras miradas se encuentran y mi estómago me explica lo que me está pasando por dentro. Tu mirada me traspasa por completo, me habla de mí, de lo que siento, de lo que no quiero sentir. Me habla de ese abrazo. De intimidad compartida. Me habla de sinceridad. Me habla de ti y de mí, de un recién estrenado "nosotros" sin recorrido.
Me guardo esa mirada. Hablar con los ojos, en silencio. Desde otro lugar.
Ya no estás.
Necesidad de soledad. La busco entre la multitud. Ganas de llorar.
Miradas de encuentro, miradas de adiós.
Precioso lenguaje el del silencio a veces.

Autor

Nombre: SONIA GIL

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