Jimena no es una niña normal

Jimena no es una niña normal. “Como cualquier niño de su edad”, pensarás. Pero, en verano, Jimena se levanta todas las mañanas —o, más bien, las que se acuerda— a las seis, por si ve al burro de Román cruzando a vuelo el valle.
Jimena no desayuna cereales. Saca de su baúl secreto las guindas que el día anterior robara a la vecina —con su consentimiento— y las roe con cara de ardilla. Después, saluda a los vencejos que silban alegres en el cielo y va a despertar a sus amigos. Espera a que desayunen sus cereales mientras busca a la liebre de Pascua en el jardín.
Los tres mosquefieros —como Jimena llama a su pandilla— rastrean a un tigre dientes de sable entre las colinas sembradas de aliagas y tomillo salsero. Su madre insiste en que ya se extinguieron, pero no ha tenido en cuenta la cueva de la campera. Seguro que mide kilómetros y está poblada de los más curiosos animales. Sólo tienen que encontrar la entrada.
Jimena se encarama a las rocas rojizas y salta como un cabritillo. Escucha el murmullo de la peña, que le narra historias perdidas en el tiempo. Así conoce Jimena a Corocotta, el mercenario cántabro. Hace burla a los romanos y se esconde entre los chopos antes de que la pesquen.
Por las noches, Jimena busca las estrellas fugaces que han caído sobre la tierra. Son pequeñas hadas de luz verde y cuerpo blando. Ella canta con las ranas e inspira la brisa fresca del río, que sabe a melisa, a pluma de garza y a cangrejo.
Jimena sueña. Sueña con un verano interminable.

Autor

Nombre: Elisa Rivero

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1 comentario
  1. Fantasía muy bien construida. Suerte!!

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