La biblioteca

Esperaban impacientes a que el vigilante hiciera la última ronda. Cada vez que llegaba ese día, una vez al año, salían todos de su ubicación al hall. Ya se sabe que en la sala hay que guardar silencio, y en los pasillos, también. Además, es más espacioso. Allí cabían todos.
Unos se paseaban con aires de nobleza, otros vestidos de época, unos cuantos más serios, los más atrevidos un poco atolondrados, los niños ya se sabe un poco a lo loco.
Algunos caminaban sigilosos con cierto aire de misterio, señoritas remilgadas y las que no lo eran tanto, artistas, poetas, cantantes que daban la nota para animar la fiesta, animales exóticos, príncipes, princesas, dragones, gobernantes… todos con una única misión: salir de sus códigos de barras, y sus signaturas, para saltar del mundo impreso al mundo real, o irreal, depende de cómo se mire, y festejar que ese era “su día”, día del libro. Por unas horas cobraban vida, para luego volver a su sitio, a esperar el próximo 23 de abril.

Autor

Nombre: ALMUDENA MELCON

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2 comentarios
  1. Que sencillo y que alegre relatito. Me ha gustado muuucho

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