La cita

Rubén despertó sobresaltado, se había quedado dormido. Se le hacía difícil despertar con los días de frío. Se le hacía difícil despertar su cuerpo entumecido, salir de los sueños. Se le hacía difícil despertar.
Aprovecho el sobresalto para salir de la cama y ponerse en marcha, muchos lo esperaban hoy. Los días fríos la tarea dependía enteramente de él, nadie quería exponerse.
Cambio la camisa de dormir por su mejor camisa. Una vez puesta abotono las roídas mangas, las miro, las desabotono y arremango una vuelta. Se puso un pantalón que mordía la camisa desde arriba del ombligo y bajaba como una víbora azul de dos colas. La semi solemne camisa quedó sepultada bajo dos suéteres, una campera, boina y bufanda. Solo cuando ya no quedaba rastro de esta, agarro la bolsa y salió con toda la prisa que su edad y las capas de ropa le permitían.
En el camino fue esquivando las hojas secas, no le gustaba su crujir, su fragilidad, su similitud al ocre de sus mocasines.
Una vez en la plaza se sentó en el banco acordado. Todos estaban esperándolo. Sonrió y se le escaparon dos lagrimitas que rápidamente se refugiaron en los pliegues de su cara.
-Hola muchachos.
Metió la mano en la bolsa y empezó a compartir el pan. Asentía con la cabeza cada vez que reconocía algún plumaje, también se alegraba cuando veía uno nuevo. Ahí no sentía frío. La brisa parecía una caricia sobre las mejillas. Valía la pena despertar y comenzar el día así. Valía la pena despertar.

Autor

Nombre: Matias Pi

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