La ciudad recomenzada

Cada amanecer comenzaban a trabajar pacientemente sobre las ruinas de la ciudad que la madrugada derribaba con perseverancia semejante. Acarreaban los materiales necesarios para alzar los muros vislumbrados al fondo de sueños que no conseguían recuperar del todo, trazaban puertas y ventanas por las que entraría la luz de un sol que perduraba en la memoria con la intensidad de los recuerdos de una época mejor que quizá no había existido, proyectaban techos que cobijarían el llanto de bebés nacidos para habitar una metrópoli poblada hasta el horizonte de rascacielos que relumbrarían a mediodía como magníficos yacimientos de diamantes. Se secaban el sudor de la frente y la nuca y contemplaban sus avances con ojos llenos de esperanza, diciéndose con silencios lo que no podían o no querían expresar con palabras. Al concluir la jornada volvían a sus cuevas, exhaustos aunque satisfechos, y encendían hogueras para cenar y hacer el amor al resplandor de las llamas que iluminaban los minuciosos dibujos arquitectónicos plasmados en las paredes. Cada anochecer se retiraban a dormir exhalando suspiros profundos, sabiendo que sus gemelos oscuros saldrían protegidos por las tinieblas para comenzar con la labor de destrucción de todo lo que ellos habían logrado construir durante el día y así mantener el extraño equilibrio del mundo que debían compartir por decreto desde tiempos insondables.

Autor

Nombre: Mauricio Montiel Figueiras

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