La consulta

Es una salita de espera acogedora, techos altos, rodapié de canto redondeado, puertas esbeltas, todo en un blanco nostálgico de tiempos mejores.

Contrasta con el ambiente la música de rock ligeramente elevada de volumen.

Intuyo el motivo, se trata de no escuchar la conversación del otro lado de la puerta.

Media hora de retraso, estoy a punto de abandonar.

Por fin entro en la gran sala, me siento frente a ella, entre las dos una bonita mesa de despacho.

A mi izquierda descubro un maravilloso diván impoluto, bordeado de madera.

Mientras me presento, pienso en qué circunstancias el cliente tiene acceso al diván.

Relato a duras penas mi vida de manera cronológica, la memoria caprichosa se empeña en alterar cualquier orden establecido.

Sigo abriendo a golpes de bisturí el corazón, seccionando las miles de capas que lo protegen y secuestran.

La quiero impresionar aunque lo dudo, seguro que tiene o ha tenido clientes más espectaculares que yo.

Sigo contando mi historia llena de muchas historias, no sé si se aclara con todos los datos, creo que sí, es una mujer con experiencia.

Tras dos intensas horas, noto cansancio, como si estuviera hablando más de lo debido.

Lo cierto es que no tengo ni idea de cómo se termina una sesión a corazón abierto.

Lo ejecuta ella, menos mal, pensé que no acababa.

Pago y me levanto entre agradecida y herida.

Me voy desangrando, tan solo me ha colocado una gasa al asegurarme que lo mío tiene solución.

Nos vemos la próxima semana.

Autor

Nombre: MAR GOMEZ IGLESIAS

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