LA CRIPTA DE LA DUDA

Desde que tuvo consciencia se había considerado fervoroso defensor de la supremacía blanca; un racista convencido.
Hacía enormes agujeros en la tierra, los llenaba de troncos secos y, los días de cacería de negros, les prendía fuego. Allí ardían sus trofeos.
Aquella tarde, uno de los negros luchó con su hermano junto a la hoguera y ambos cayeron dentro. Él lo vio. Abatido, no pudo hacer nada salvo esperar.
Cuando las brasas se consumieron y quiso recuperar el cadáver de su querido hermano dicen que lloró —no se sabe si de rabia o de pena— al encontrar sólo dos cuerpos calcinados.

Autor

Nombre: Mercedes Jurado Chía

1

56

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies