La discusión

La discusión había sido tremenda. Los vecinos, alarmados, pensaban ya en llamar a la policía; aquello debía tener un límite, no se podía consentir que la torturase de esa manera. El silencio volvió a traer la paz y cada uno retornó a sus quehaceres cotidianos.
Un olor a quemado fue imponiéndose sobre los procedentes de fritangas y sumideros. Cada vez era más intenso. Los vecinos se asomaban a las ventanas, ahora para descubrir el origen del inesperado olor. De la ventana del primero comenzaba a salir humo; se oyeron los primeros gritos de socorro.
Varias sirenas se acercaban. Llegaron policías, bomberos, curiosos,… todos miraban al primero. Los bomberos sacaron a una mujer mayor inconsciente.
–¡Esto se veía venir! Ese nieto suyo es un verdadero demonio. Casi la quema, pobrecita. Y a nosotros con ella. Debía estar encerrado –dijo una vecina.
Dos policías sacaron a un niño del piso, tosiendo y con tiznajos en la cara; lo metieron en un coche patrulla.
–¡Es ese! ¡Es ese! Si con doce años hace esto, ¿qué hará después? –comentó otra.

Autor

Nombre: José Manuel Fernández Ros

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