La gran nevada

¡Vaya nevada ha caído, está todo blanco!
Automáticamente los tres hermanos saltábamos de nuestras camas a ver el espectáculo. Era temprano, pero la ilusión por ver el paisaje arropado por el manto blanco del invierno, extinguía la pereza de levantarse por la mañana. Mi padre lo sabía y año tras año repetía la misma artimaña para arrancarnos pronto de nuestros dulces sueños. La finalidad, sin embargo era muy distinta. Hacía frío, sí, pero no había nevado; no había manto blanco sobre los coches; ni siquiera un leve recuerdo en lo más alto de los árboles. Lo que había eran tres paquetes atados a un globo cada uno con nuestros nombres. Habían venido los Reyes Magos. En la frenética carrera por ser el primero en llegar a la ventana, los tres hermanos nos íbamos dando cuenta de que en realidad en el salón estaban nuestros regalos y la nevada pasaba a un segundo plano. Mi padre ya no está hoy, pero cada año empieza el invierno cada 6 de enero muy temprano con una gran nevada.

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Nombre: Paloma Gherrero

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